Entender las necesidades de los habitantes locales es fundamental para el
desarrollo forestal
Entender lo que realmente le importa a los lugareños es esencial para lograr
un manejo efectivo de recursos en los bosques. Sin este conocimiento, los grupos
interesados tales como gobiernos, organizaciones de desarrollo y empresas
privadas tropezarán con dificultades al tratar de adecuar las prioridades de
desarrollo y manejo regional, con las prioridades y necesidades de las
comunidades locales.
Entre 1999 y 2001 los investigadores de CIFOR Douglas Sheil e Imam Basuki
evaluaron el estado de los recursos en la región del río Malianau, en Kalimantan
Oriental. Su estudio supuso la recopilación de una serie de datos acerca de
biodiversidad, así como información biofísica y etnográfica, además de haberse
comparado los resultados de la investigación con el conocimiento de las
comunidades locales.
“Imam y yo teníamos mucho interés en considerar cómo la variación de suelos y
otras condiciones pueden influenciar las alternativas de uso del suelo de las
comunidades locales. Abordamos este tema tanto desde el punto de vista biofísico
como el de una evaluación de las perspectivas y opiniones de las comunidades
Merap y Punan”. Indica Sheil.
La investigación de CIFOR demuestra claramente que la mayor parte de la
región es infértil y poco apta para una agricultura sostenible. Los resultados
provenientes de 200 sitios de muestreo indicaron que las tierras con potencial
para agricultura intensiva sostenible y plantaciones sólo se encuentran en un
número limitado de lugares con mayor fertilidad y ubicados a orillas de ríos, y
aun éstos son susceptibles a inundaciones catastróficas ocasionales.
Más allá de estas zonas ribereñas de terreno llano, la falta de nutrientes,
la poca profundidad del suelo fértil y la gran precipitación pluvial limitan el
desarrollo de grandes plantaciones. Asimismo, la topografía accidentada de la
zona hace que la mayoría de las tierras sean susceptibles a la erosión.
En esencia, entonces, algunas de las áreas muestreadas podrían ser aptas para
el cultivo de arroz de secano y coco. Pero, en general, la región no es apta
para actividades agrícolas de gran escala, tales como el cultivo de pimienta,
café, cacao, nueces, caucho o palma aceitera.
“Un aspecto especialmente interesante de la investigación fue descubrir la
forma en que los lugareños han adaptado su vida a condiciones tan infértiles.
Los pueblos Merap y Punan emplean un sistema de agricultura migratoria en la que
se generan nutrientes temporales mediante el desmonte y la quema de vegetación
leñosa, pero hasta en este sistema los agricultores consideran que es importante
evaluar el potencial de la tierra mediante la observación de las condiciones de
la vegetación y del suelo”, señala Basuki.
Según Basuki y Sheil, los pueblos que tradicionalmente han vivido dentro o
alrededor del bosque saben que “tana tiem” o la tierra negra, hallada en
llanuras aluviales y zonas que aún están cubiertas por bosques, es la más fértil
y productiva para la agricultura. Del mismo modo, estos pueblos saben que la
mayoría de los pantanos y las extensas zonas de terreno empinado no ofrecen nada
más que suelos pobres e infértiles.
Con su conocimiento de las condiciones locales y su baja densidad poblacional,
estos pueblos pueden satisfacer sus necesidades diarias de vida mediante el uso
de los recursos naturales que los rodean. Al parecer, los Merap usan casi toda
la poca tierra fértil disponible, mientras la mayoría de la tierra infértil se
deja con su cobertura boscosa. Los Punan, que tienden a habitar áreas aún más
marginales, generalmente aumentan la producción de sus actividades de
agricultura migratoria en pequeña escala, con la recolección de productos del
bosque.
“Es evidente que tanto nuestra investigación como el antiguo conocimiento
tradicional de las comunidades locales confirman que las posibilidades de
desarrollo, aparte del sector forestal, son limitadas. Al margen de usar el
bosque nativo para actividades de subsistencia, las únicas alternativas
factibles de uso sostenible de suelos probablemente sean la agroforestería, la
extracción maderera de impacto reducido y la conservación de la naturaleza”,
señala Basuki.
Es esta combinación de ciencia y conocimiento tradicional la que puede ayudar
a una mejor toma de decisiones con respecto al bosque y a la forma en que éste
puede sustentar mejor los sistemas locales de subsistencia.
“Una buena investigación y comprensión de las percepciones de las comunidades
locales en cuanto al bosques constituyen un factor importante para lograr el
manejo efectivo y sostenible de recursos de territoriales y forestales en la
región de Malinau”, indica Sheil.
Previo a la publicación del informe de Basuki y Sheil, el Gobierno de Malinau
firmó un convenio, en marzo, con una empresa malaya para la creación de una
plantación de palma aceitera en una superficie de 40.000 hectáreas, que se
iniciaría en los próximos dos años. El sitio cubre un área extensa de suelo
infértil de bosque natural, que constituye una fuente importante de sustento
para varias aldeas de la zona.
Sheil manifiesta que “nos preocupa que la plantación se establezca en una
zona de suelos pobres donde toda la evidencia indica que no será económicamente
viable. Nos inquieta, en particular, que se incluyan áreas de bosque importantes
para los sistemas locales de sustento y de gran valor cultural para las
comunidades del lugar. Y no debemos olvidar el papel importante que este tipo de
bosque tiene en cuanto a la biodiversidad mundial. Hemos visto el uso de muchos
esquemas de plantación como excusa para extraer madera valiosa, dejando a las
comunidades locales en una peor situación”. (IB, DS, PS, GC)
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